Desde que nacemos los seres humanos vivimos rodeados de muchas personas. El primer grupo humano al que pertenecemos es la familia, célula fundamental de la sociedad. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.1 Los lazos principales que definen una familia son de dos tipos: vínculos de afinidad
derivados del establecimiento de un esposo fijo: Su madre tiene
múltiples compañeros sexuales, aunque sólo uno de ellos tenga
reconocimiento como compañero exclusivo de una mujer. El hombre nunca
vivía permanentemente con la mujer, puesto que pasaba su vida en casa de
las mujeres de su linaje; por otra parte, el lazo entre una mujer y un
hombre podía ser roto con la negativa de la mujer a recibir en su casa
al hombre. Por su parte, el "compañero reconocido de una mujer debía
asumir la paternidad de los hijos de ésta, aun cuando fuera de dominio
público que el genitor —el padre biológico, según la
terminología utilizada en Occidente— fuera otro hombre" (Gough,
1974).</ref> —que, en algunas sociedades, sólo permite la unión
entre dos personas mientras que en otras es posible la poligamia—, y vínculos de consanguinidad, como la filiación
entre padres e hijos o los lazos que se establecen entre los hermanos
que descienden de un mismo padre. También puede diferenciarse la familia
según el grado de parentesco entre sus miembros.
No hay consenso sobre la definición de la familia. La familia
nuclear, fundada en la unión entre hombre y mujer, es el modelo
principal de familia como tal, y la estructura difundida mayormente en
la actualidad. Las formas de vida familiar son muy diversas, dependiendo
de factores sociales, culturales, económicos y afectivos. La familia,
como cualquier institución social, tiende a adaptarse al contexto de una
sociedad.